La prensa durante y después del Katrina
Jim Amoss, Redactor
New Orleans Times-
Nacido en Nueva Orleans, es redactor del Times-
La elaboración de un periódico diario es en circunstancias normales una tarea frenética y estresante. Intentar hacer lo propio bajo los efectos de una catástrofe natural es una misión que muy pocos adjetivos aciertan a describir, aunque los redactores de muchas ciudades costeras deben asumir el desafío año tras año durante la temporada de los huracanes. El huracán Katrina ha sido uno de los fenómenos más devastadores y mortíferos que han afectado a los Estados Unidos. Tras su paso, dejó un balance de por lo menos 1.577 fallecidos (según los últimos datos oficiales del pasado mes de mayo) en el estado de Luisiana y transformó radicalmente las vidas de todos los habitantes de Nueva Orleans, una ciudad que lucha desesperadamente por renacer de sus cenizas y cuyos habitantes esperan recuperar sus vidas diez meses después de la tormenta. A principios de este año, el New Orleans Times-
técnicas de prensa: ¿Qué pasó con el Times-
Jim Amoss: La cronología de los acontecimientos empieza seguramente el viernes antes de la tormenta (que llegó el lunes 29 de agosto). El viernes fue el primer día en que tuvimos noción de que el huracán, que entonces estaba cruzando Florida, podía llegar con peligro a Luisiana y Nueva Orleans. Hasta el viernes por la tarde, todas las previsiones apuntaban a que la trayectoria del huracán se dirigía hacia el sur de Florida (y así fue), o sea que en realidad nadie hizo demasiado caso, ya que dimos por hecho que quedaba muy lejos. Esa tarde estaba en la redacción y, por casualidad, tuve una conversación con nuestro periodista experto en huracanes. Le comentaba lo tranquilo que se presentaba el fin de semana, a lo que me lanzó una mirada de sorpresa y, acto seguido, me señaló la pantalla de su ordenador, en la que tenía abierta la página web del centro nacional de huracanes. Entonces vi, completamente paralizado, que la trayectoria del huracán había cambiado radicalmente y que apuntaba justamente hacia Luisiana y Nueva Orleans. Esa misma tarde, nos reunimos nuestro editor y algunos de los trabajadores del departamento ejecutivo, básicamente las personas responsables normalmente de dar la alarma y de iniciar los preparativos habituales para los huracanes (preparar la cafetería, adoptar precauciones de seguridad y acondicionar el edificio ante la posibilidad de que mucha gente tuviera que quedarse a pasar la noche). Y no fue nada fácil, ya que tienes que cambiar completamente de chip, porque todo el mundo ya tenía la mente puesta en el fin de semana. El sábado por la mañana, todo el mundo, al despertar, se apresuró a comprobar si la situación había cambiado, pero el huracán todavía se dirigía de lleno a Nueva Orleans. Además, parecía que había ganado fuerza y que se estaba convirtiendo en una tormenta enorme, a punto de entrar en la categoría cinco [la más alta para los huracanes]. Ese sábado, lo que más me llamó la atención fue la conversación que Mark Schlefstein [periodista especializado en huracanes] tuvo con Max Mayfield, director del centro nacional de huracanes. Max le llamó (llevaba muchos años informándole, por lo que se conocían bastante bien) y le dijo: “Mark, estoy preocupado por vosotros. Necesito que me digas a qué altura está la segunda planta del edificio del Times-
tdp: Cuando empezó la inundación, al enviar a periodistas dentro de Nueva Orleans los estaban exponiendo a un riesgo físico. ¿Cómo vivió esta situación, como redactor?
Jim Amoss: Los profesionales tienen necesidad de informar, y en este tipo de situaciones resulta imposible frenarlas. Se cometieron muchas imprudencias que no llegué a conocer hasta mucho después, como por ejemplo la historia de un redactor de deportes que, cuando el agua todavía estaba subiendo, se montó a una canoa y llegó hasta su casa a remo para rescatar a su perro. O la de un fotógrafo, también en una canoa, que cuando nos vio evacuando con los camiones se escondió en una calle inundada para que no le viéramos y le obligáramos a evacuar, ya que su idea era quedarse e informar. Recuerdo también la historia de unos periodistas que conducían uno de los camiones de reparto. La policía los obligó a detenerse, les hizo bajar del camión y los encañonó pensando que eran saqueadores. La ciudad se convirtió en un lugar sin ley, terrible y caótico, y era realmente peligroso quedarse. David Meeks, el redactor de deportes, se convirtió en el líder espontáneo del equipo de Nueva Orleans. Cuando llevaban unos tres días informando, la policía llamó a la puerta de la casa de David y les preguntó quiénes eran (ya que se supone que tenían que estar evacuados). Acto seguido, le preguntó: “¿Están armados?” David imaginó que habían venido para llevarse las armas, por lo que respondió: “No, por supuesto que no, somos periodistas.” A los que los policías respondieron: “De acuerdo, pero ¿saben dónde conseguir armas?”, una pregunta que no deja de resultar sorprendente en boca de un oficial de policía. Más o menos una hora más tarde, llegó un batallón de las fuerzas especiales que entregó a nuestros periodistas un AK-
tdp: ¿Algún periodista o fotógrafo sufrió un percance grave?
J. Amoss: No, aunque parezca mentira. Enviamos a un periodista, Leslie Williams, a la costa del golfo del Mississippi en previsión de la tormenta, para que se apostara allí, dado que conocía el territorio (es originario de Bay St. Louis). Cuando pasó la tormenta, dejamos de recibir noticias suyas. Pasó un día, dos, tres y nada. Y así seguimos durante una semana, ni rastro, nadie lo encontraba y, al final, empezamos a asumir que había muerto. Tardamos mucho en tener noticias de lo ocurrido en la costa del golfo, pero cuando oímos que había quedado todo arrasado, di por hecho que a él también se lo había llevado la tormenta. Unos ocho días más tarde, recibí una llamada de Leslie Williams, que había quedado varado en tierra de nadie, en medio de los escombros, hasta que consiguió llegar a un lugar desde el que finalmente pudo comunicarse. En mi fuero interno, prácticamente empezaba a pensar ya en su necrológica, hasta que descubrimos que había sobrevivido.
tdp: ¿Cuándo empezaron a repartir de nuevo el periódico casa por casa?
J. Amoss: La primera edición impresa del Times-
tdp: Así, ¿básicamente dejaban los periódicos en todas las casas que parecían habitadas?
J. Amoss: Sí, o bien anotaban la dirección e intentaban ponerse en contacto por teléfono, algo bastante complicado porque las líneas terrestres casi habían desaparecido. Sin embargo, los dos primeros meses andábamos desesperados buscando a personas para atender los teléfonos del departamento de distribución y hablar con los lectores que habían regresado, de modo que varios trabajadores de la redacción tuvieron que pasarse a distribución para atender los teléfonos y recuperar nuestros lectores.
tdp: ¿Y ahora ya tienen de nuevo las rutas, los camiones y todo lo demás?
J. Amoss: Sí, las zonas más problemáticas son Orleans Parish y St. Bernard, especialmente las áreas inundadas. Allí tenemos una casa en una manzana, otra dos manzanas más lejos, por lo que las rutas de reparto están poco concentradas.
tdp: Con tantos refugiados de Nueva Orleans dispersados por todo el estado y el país, ¿podría decirse que el Times-
J. Amoss: Sí y no. Al principio incrementamos bastante la distribución en Baton Rouge, probablemente en unos 5.000 o 6.000 ejemplares, pero a medida que la gente fue regresando a Nueva Orleans, aunque las cifras continúan siendo más altas que nunca, están lejos ya de las del principio. Actualmente, la distribución en el área metropolitana de Nueva Orleans va mucho mejor de lo que hubiera pronosticado en septiembre, alrededor de los 200.000 ejemplares. Y con unas cifras de publicidad bastante notables.
tdp: ¿Significa esto que están en una posición cómoda desde el punto de vista de la sostenibilidad económica?
J. Amoss: Sí, realmente hemos recuperado el ritmo. En Nueva Orleans estará todo el mundo muy nervioso durante la próxima temporada de huracanes, y a la que empiece a soplar un poco de viento la gente empezará a evacuar, con lo que probablemente la actividad quede un poco interrumpida. Y si, dios no lo quiera, la ciudad vuelve a inundarse, sería una tragedia para todos. De todas formas, tenemos mucha confianza en la economía de la ciudad y también en nuestras perspectivas de futuro.
Page first published: 28.06.2006



